Abastecimiento en cuarentena: El 70% de los habitantes de la periferia de Santiago compra en ferias y comercio local

En el marco de las medidas de distanciamiento social implementadas a propósito de la pandemia del Covid-19, en las últimas semanas se han restringido diferentes dimensiones de la vida de las personas y el abastecimiento se ha vuelto una de las preocupaciones centrales.

Mientras los grandes supermercados operan hoy día con algunos mecanismos restrictivos, principalmente horarios y número máximo de personas en su interior; las ferias libres han sido restringidas en sus días de funcionamiento con el fin de evitar aglomeraciones.

Si bien esta medida busca disminuir los riesgos de contagio, tal vez se ha subestimado la importancia de las ferias libres como lugares de abastecimiento de la población en zonas periféricas de menores ingresos, donde escasean los supermercados especialmente después de las manifestaciones del estallido social del 18O y donde 2 de cada 3 personas se abastece de alimentos en el comercio local.

Según los resultados de la Encuesta de Percepción del Desarrollo Urbano Sustentable, elaborada por el CEDEUS, aplicada entre septiembre y octubre de 2019, pueden distinguirse dos grandes grupos de población según el tipo de abastecimiento: quienes utilizan mayoritariamente supermercados e hipermercados, por una parte, y quienes utilizan mayoritariamente el comercio local: ferias libres, mercados y comercio callejero. El gráfico a continuación muestra los resultados respecto al tipo de comercio para el abastecimiento de alimentos del hogar, para cada uno de los tipos de ciudad identificados previamente.

Gráfico 1. Fuente: Encuesta de Percepción del Desarrollo Urbano Sustentable, CEDEUS

Según indica el Gráfico 1, en zonas de alta renta, como sectores residenciales de Vitacura, las personas se abastecen de alimentos principalmente en hipermercados o supermercados (64%), mientras que, el abastecimiento en ferias libres alcanza apenas un 20%. Por el contrario, la realidad de aquellas zonas de la ciudad donde predominan conjuntos de vivienda social, principalmente localizados en la periferia de Santiago, como el sector Bajos de Mena en Puente Alto o la Población Parinacota en Quilicura, muestra que las personas compran mayoritariamente en ferias o comercio local, alcanzando aproximadamente un 70% del abastecimiento de alimentos.

En este sentido, y considerando que supermercados e hipermercados no han cerrado en el contexto de la pandemia, es posible interpretar que las zonas de altos ingresos se han visto menos afectadas en términos de abastecimiento. Sin embargo, las zonas pobres periféricas concentradas principalmente en la zona sur-poniente del Gran Santiago, que dependen fuertemente del comercio local verán sus fuentes de abastecimiento habitual disminuida.

Esta situación es más grave si se considera que es significativamente más económico abastecerse en ferias libres que en el comercio establecido. Un estudio de la Universidad de Concepción sugiere diferencias de hasta un 500% entre supermercados y ferias; y según Portal Frutícola, un kilo de manzanas cuesta en promedio $1.823 en supermercados, mientras en ferias libres cuesta $767. Este dato es de especial relevancia si se considera que en Chile adquirir una canasta básica de alimentos puede implicar al menos un tercio del ingreso mínimo mensual.

En este contexto, la reducción de los días de feria a una semanal en cada zona, para enfrentar la pandemia, estaría afectando precisamente a los más necesitados y quienes no siempre pueden concentrar sus compras en un día. Nuevamente, parece ser que las medidas de distanciamiento social afectan diferenciadamente a la población del Gran Santiago, siendo las más afectados los habitantes de zonas más empobrecidas.  Esto solo es un reflejo más de la segregación y diferenciación socio–espacial estructural que afecta a esta ciudad.

En los últimos días, en diversas zonas de la periferia ha habido protestas exigiendo provisión de alimento por parte del Estado, que incluso han terminado en enfrentamientos en las calles. Es de suma urgencia entonces, reconsiderar el cierre de las ferias libres y mantener el número de días que funcionan, siempre junto a una campaña de concientización y fiscalización, para que los sectores pobres puedan abastecerse y los feriantes mantener sus trabajos.