Así se está llenando el espacio de satélites que cambiarán para siempre la forma de estar conectados

El interés por el espacio y las potenciales ventajas que tiene para la humanidad ha aumentado mucho en los últimos años. Las oportunidades que ofrecen son infinitas, y es algo que muchas personas están empezando a ver. 

Las empresas privadas, por supuesto, tampoco ignoran los beneficios de involucrarse en misiones espaciales y tomar un rol activo en las mismas. Cada vez hay más compañías que trabajan en crear cohetes, cápsulas espaciales y otros elementos necesarios para cada misión. 

Es un fenómeno que se está dando sobre todo en Estados Unidos, con empresas como SpaceX, Blue Origin y Boeing a la cabeza de este movimiento. La NASA ha contado ya varias veces con estas compañías, y de hecho tienen contratos establecidos con todas ellas para los próximos años.

Y este repentino interés por el espacio no es en absoluto algo casual. Las empresas se han dado cuenta de que más allá de la relevancia que tiene para la ciencia, la capacidad de viajar al espacio puede aportar grandes beneficios. 

Sabiendo esto, muchas compañías han decidido ir más allá de los acuerdos con agencias espaciales para desarrollar proyectos propios de diversos tipos. Uno bastante común es el turismo espacial, es decir, viajes al espacio para personas que no son astronautas profesionales. 

Todavía no se han producido viajes de ese tipo, pero ya hay algunos planeados para los próximos años. Y más allá del turismo espacial, hay otros modelos de negocio que están tomando fuerza en la industria espacial. 

Índice de contenidos

  1. Una nueva era para las telecomunicaciones
  2. SpaceX y su constelación de satélites
  3. Los competidores de Starlink
  4. El gran problema de las constelaciones de satélites

Quizá uno de los más populares es el centrado en los satélites de comunicaciones. Generalmente recibimos nuestra señal telefónica gracias a instalaciones con cables, antenas y otros instrumentos instalados en nuestro entorno. 

Pero si vives en una zona rural, o en una región bastante apartada de las grandes ciudades, sabrás que muchas veces la cobertura de estos servicios es muy escasa, o incluso nula en ciertas circunstancias por la carencia de infraestructura. 

Sabiendo esto, las empresas privadas de la industria espacial se han propuesto la creación de diversas redes de satélites destinadas a las comunicaciones. Y no hablamos de una docena de satélites por compañía, sino de cientos e incluso miles de satélites orbitando nuestro planeta

Esto podría cambiar drásticamente el mundo de las telecomunicaciones en muy pocos años. Y Elon Musk y compañía lo saben. No obstante, no es una misión sencilla, y algunos de los obstáculos que plantea podrían ser un verdadero problema a largo plazo. 

Una nueva era para las telecomunicaciones

Tal y como mencionábamos antes, nuestras telecomunicaciones usualmente dependen de la infraestructura creada para ese propósito en la superficie de nuestro planeta. Antenas, repetidores de señal, instalaciones de cable de fibra óptica…

Las instalaciones de comunicaciones de este tipo suelen ser muy efectivas, y generalmente son más que suficientes para mantener a la mayoría de la población adecuadamente comunicada. 

Entonces, ¿por qué molestarse en gastar tiempo, dinero y recursos en desplegar una red de satélites de comunicaciones? Si la infraestructura habitual funciona bien, intentar crear otra radicalmente distinta parece un esfuerzo innecesario

La realidad no obstante es bastante más compleja. Las antenas, repetidores y demás aparatos de transmisión de señal funcionan sobre todo en base a la cercanía. Cuanto más cerca estamos de ellos, mejor señal de internet (y de teléfono) recibimos en nuestros dispositivos. 

Y por supuesto, si optamos por una conexión por cable por las ventajas que ofrece, nos vemos obligados a permanecer en un sitio fijo para seguir conectados a internet. Pese a que esta conexión garantiza más velocidad, la limitación que impone es considerable

Si vives en una ciudad o pueblo en los que la infraestructura de telecomunicaciones está debidamente distribuida y en buen estado, probablemente todo esto no suponga ningún problema

Pero la cosa cambia bastante en lugares sin la infraestructura adecuada. Piensa en zonas rurales, bosques, montañas, o incluso en medio de un océano. Las instalaciones de señal en lugares así son escasas o nulas, por lo que las comunicaciones se dificultan bastante. 

Generalmente quienes necesitan usar internet en esos lugares se resignan a tener una conexión inestable y de poca velocidad, incapaz de gestionar una videollamada o un servicio de streaming. 

En las zonas rurales de España es un problema habitual. Muchos lugares todavía carecen de instalación de fibra óptica y ADSL, lo que les obliga incluso a depender de conexión 3G para el uso de internet. Como es lógico, el servicio que eso provee no es especialmente bueno. 

Y en otros lugares, la conexión es sencillamente inexistente. Por ejemplo, hacer un viaje en barco por el océano implica dejar atrás la señal de internet hasta volver a tierra firme. Y en situaciones de emergencia, como puede ser el caso de desastres naturales, la infraestructura puede acabar destruida e imposibilitar completamente las comunicaciones. 

Aquí es donde entra el internet por satélite. Como tal, es un servicio que ya existe en la actualidad, y permite hacer llegar la señal de teléfono e internet incluso a los lugares más remotos. 

No solo es muy útil para hacer llegar la conexión a lugares en los que no hay acceso, sino que además resulta muy beneficioso en situaciones de emergencia en las que no es posible conectarse de la manera habitual.

Con todo esto en cuenta, la idea de seguir usando infraestructura de internet que depende de instalaciones terrestres parece casi contraproducente. Y aunque es cierto que el internet por satélite tiene sus ventajas, también tiene algunos inconvenientes importantes. 

Uno de los principales problemas que presenta este tipo de conexión es la escasa fiabilidad de la conexión en base a factores climáticos. En días de mal tiempo, la señal recibida puede ser muy inestable y desconectarse frecuentemente. 

También es un sistema bastante caro: si quieres usar internet por satélite en un domicilio, generalmente es necesario instalar antenas en el tejado. Y por supuesto establecer una red de satélites suficientemente amplia como para satisfacer a millones de personas no es especialmente barato para las empresas. 

La velocidad y la latencia tampoco son especialmente buenas en comparación con la conexión a la que estamos habituados. No obstante, en los últimos años ha mejorado bastante, por lo que tampoco suele suponer un gran problema. 

SpaceX y su constelación de satélites

Queda claro que el sistema de satélites tiene sus ventajas y sus desventajas. Desde luego es un sistema que aún tiene mucho que ofrecer, pero hasta ahora, muy pocas compañías se habían propuesto invertir en ello lo suficiente como para que cambie el panorama de las conexiones a internet. 

Todo ha cambiado a partir de la llegada de SpaceX, la empresa aeroespacial del multimillonario Elon Musk. Esta compañía ha entrado en la industria espacial rompiendo moldes. 

Si hay algo que caracteriza a SpaceX es su interés en la innovación y en invertir en nuevas tecnologías. Es una de las principales compañías que ha desarrollado cohetes reutilizables en los últimos años, hasta convertirlos en una realidad. 

Y otro proyecto que se han propuesto llevar a cabo en los próximos años es el de crear una constelación de satélites en torno a la Tierra, con el objetivo de generar una red de conexión de internet a nivel global

Este proyecto ha sido denominado Starlink, y su objetivo es poner varios miles de satélites en órbita durante la próxima década. Ya ha habido algunas misiones espaciales destinadas a llevar estos satélites al espacio, gracias a lo cual varios cientos de satélites ya orbitan nuestro planeta. 

Gracias a la tecnología que ha desarrollado SpaceX, el plan es que una vez que se despliegue la constelación de satélites a gran escala, se empiece a dar servicio de internet de banda ancha y alta velocidad a nivel global. 

Pero en principio, el servicio estará limitado a Estados Unidos y a Canadá, y podría empezar a funcionar a lo largo de este año. Aunque lógicamente, con las circunstancias actuales, es posible que se produzcan retrasos en el calendario planeado. 

Los competidores de Starlink

Por novedoso que sea el proyecto, SpaceX no es ni mucho menos la única empresa que ha decidido lanzar miles de satélites al espacio para distribuir la conexión a internet por todo el mundo

Solo en Estados Unidos hay varias grandes empresas que se presentan como la competencia directa de la red de satélites Starlink. Y todas ellas tienen medios como para conseguir establecer sus propias constelaciones en no demasiados años. 

Una de las principales competidoras es Amazon. La compañía de Jeff Bezos tiene una subsidiaria llamada Sistemas Kuiper, dedicada a la creación de un proyecto muy similar a Starlink: una constelación de satélites de internet. 

El proyecto salió a la luz el año pasado, y recientemente Amazon ha recibido la aprobación del Gobierno estadounidense para lanzar más de tres mil satélites al espacio durante la próxima década. 

Los satélites de Amazon todavía están en fase de diseño, por lo que todavía tardaremos un tiempo en verlo en funcionamiento. Pero se espera que más de la mitad estén desplegados en el espacio para el año 2026. 

Otra compañía que también está involucrada en un proyecto similar, y que se plantea como una competidora directa de los satélites de Elon Musk, es OneWeb. Esta empresa con sede en Reino Unido ha colaborado con la ESA y Airbus para desarrollar sus satélites y llevarlos al espacio. 


El objetivo de OneWeb era el mismo que el de las demás empresas que hemos mencionado, aunque con un despliegue de satélites bastante menor. Concretamente su plan es lanzar en torno a 650 satélites, de los cuales más de 70 ya orbitan en el espacio. 

No obstante, el futuro de OneWeb no está nada claro. Recientemente declararon su bancarrota, y fueron rescatados por una inversión del Gobierno de Reino Unido y diversas empresas. 

Dado que esa inversión implica que las partes implicadas tienen un gran interés en el proyecto, es de esperar que todo siga adelante. Pero considerando que la empresa va a vivir cambios importantes, es posible que haya cambios respecto a lo que se había planeado hasta ahora. 

En cualquier caso parece que a todas estas empresas, SpaceX inclusive, les va a salir bien el negocio. La contratación de internet por satélite ha aumentado bastante, especialmente durante los meses de cuarentena y distanciamiento social. Y esto podría ayudar a que ese tipo de conexión se normalizase poco a poco. 

El gran problema de las constelaciones de satélites

La posibilidad de tener una red de satélites global que haga llegar internet incluso a los lugares más remotos es desde luego algo que podría beneficiar a muchas personas, especialmente si el servicio que ofrecen no es caro. 

Pero lejos de ser todo ventajas, las constelaciones de satélites presentan una serie de problemas bastante serios, tanto a corto como a largo plazo. Y para empeorar las cosas, no tienen fácil solución. 

El primer problema que plantean es el riesgo de colisión. Actualmente el entorno de la órbita terrestre está repleto de basura espacial generada por todo tipo de misiones. Con los satélites que usábamos hasta ahora, no había peligro de choque.

Pero si de pronto añadimos miles de satélites a la ecuación, la cosa cambia bastante. Ante esas condiciones, el riesgo de colisión entre diferentes satélites aumenta considerablemente

De hecho, los satélites de SpaceX ya han tenido algún encontronazo, y la compañía no ha sabido gestionar la situación. El año pasado uno de los satélites Starlink entró en riesgo de colisión con el satélite científico Aeolus de la ESA. 

Y en SpaceX, en vez de desplazar su satélite para evitar el choque, se quedaron de brazos cruzados. SpaceX tenía la obligación de tomar medidas para que la colisión no se produjese, pero ante su inacción la ESA tuvo que desplazar a Aeolus para no arriesgarse a perder el satélite. 

Y aparte del riesgo de colisión, hay otro problema considerable: las interferencias que los satélites causan en los grandes telescopios de investigación de todo el mundo. Por desgracia, el diseño de los Starlink los hace visibles a simple vista, y esto tiene consecuencias graves para la astronomía. 


Hay que tener en cuenta que en la astronomía cada milésima de segundo cuenta. Los científicos tienen un tiempo muy limitado para usar los grandes telescopios, especialmente en las investigaciones destinadas a observar objetos celestes poco visibles. 

Pero en varias ocasiones, el paso de satélites Starlink por el cielo nocturno ha supuesto un verdadero desastre para estos científicos. Los Starlink reflejan excesivamente la luz, y crean una estela en el cielo que interfiere con las imágenes de los telescopios. 

Sencillamente los satélites son tan brillantes que acaban impidiendo que los telescopios puedan tomar imágenes nítidas. Y esto puede suponer una pérdida de información astronómica de valor incalculable. 

Quizá en un futuro esto no sea un problema, ya que SpaceX está trabajando con la comunidad científica para intentar reducir el impacto de sus satélites. Aunque algunos científicos no son muy optimistas respecto a si podrá encontrarse una solución adecuada.