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Destacado profesor y escritor ariqueño deambula por las geografías culturales, políticas e ideológicas de Chile

Por la ecología, la migración y el misterio, se pasea el escritor ariqueño Roberto Flores (1974), quien además es un destacado profesor en su ciudad natal, labor por la cual ha sido destacado a nivel nacional.

“La amplitud de los temas se debe, creo, a que busco historias interesantes y dignas de ser contadas, no poniendo límites temáticos o de alguna índole”, expresa.

“Sigo el ideario de hacer de cada entrega algo nuevo. Es lo que algún crítico señaló de mi obra: pareciera ser escrita por diversos autores. Me agrada ser versátil”.

Flores obtuvo la Beca de Creación Literaria del Fondo del Libro y la Lectura 2019 para la escritura de una novela cuyo título aún no define.

Académico y literato

El autor estudió en la Escuela de Música de La Serena. Es licenciado en Educación por la Universidad de Tarapacá, magíster en Educación por la UMCE y magíster en Literatura por la Universidad de Chile.

Ha publicado los libros de cuentos La calle es libre, Historias limítrofes y Sindicato y otros cuentos, y las novelas Vale un Perú, El llamado de la noche subterránea, La colonia verde, En días de invierno boliviano, Palotes, El concierto del general, Héroe y 5027 pasos, las tres últimas en formato digital.

En 2011 recibió el premio de la Red de Profesores Innovadores, lo que lo llevó a representar a Chile en el Foro Latinoamericano de Profesores Innovadores, y en 2013 fue escogido por el Ministerio de Educación como uno de los “100 Grandes Profesores para Chile”. Actualmente reside en Arica, dedicado a la docencia directiva y a la labor literaria.

Primeros pasos

Flores cuenta que su incursión en el mundo de la literatura empezó cuando estudiaba en el Conservatorio de Música de La Serena en el año 1988. En esa época escribió sus primeros poemas y cuentos.

“Antes había leído Los jefes y Los cachorros por iniciativa propia, luego las primeras páginas de La ciudad y los perros (ambos de Mario Vargas Llosa), y posteriormente vi su adaptación al cine bajo el trabajo del peruano Francisco Lombardi”, comenta.

“Recuerdo las imágenes de Vargas Llosa en mitines políticos y dando opiniones por televisión que veía cuando niño en la señal televisiva incaica que llegaba con dificultades al televisor de mi casa en Arica. Mi hermano coleccionaba revistas con historietas de la Editorial Novaro (México); leía con fruición los libros del canon escolar. Todo ese panorama alimentó mis ansias de ser un escritor, pero no solo de aquellos que escriben, sino que también tienen gravitación en su contexto”.

Influencias literarias

Como creció en un hogar evangélico, la Biblia fue por años su libro de cabecera (desde los 8 hasta los 25, confiesa).

“Fui ávido lector de literatura teológica en ese tiempo. De adolescente me golpeó con fuerza la literatura del Boom, los noventayochistas, la Generación del 27, Franz Kafka, los existencialistas, las voces de Vargas Llosa y Julio Ramón Ribeyro”.

El tener una formación académica (pedagogía en Castellano y magíster en Literatura) le permitió permear las lecturas de las asignaturas que cursó “y, seguramente, hay infinidad de influencias que no reconozco conscientemente pero están ahí, haciendo eco mientras escribo”, señala.

Temáticas

En cuanto a sus temáticas, Flores ve tres líneas marcadas de creación en su obra: la primera de ellas es la literatura de frontera. Textos como En días de invierno boliviano e Historias limítrofes hacen alusión explícita a sus raíces aymaras y al contexto de Arica como zona límite, con su riqueza patrimonial y cultural.

La segunda tiene que ver con el tratamiento de las grandes problemáticas existenciales: el amor, la amistad, los ideales. Aquí caben la mayoría de los textos liberados en el proyecto Obras proscritas.

Por último, está el tema de la fe. Esto se ve en la colección “Cuentos pentecostales”, incluida en su primer libro de cuentos denominado La calle es libre, en la novela 5027 pasos y en una nueva novela que por estos días está escribiendo, con el título tentativo de La epístola de Pablo.

Regionalista

Sin aspavientos, Flores se considera “un escritor provinciano”: si bien vivió su niñez en Arica, luego en La Serena durante tres años y más tarde quince en Santiago, tras lo cual volvió al norte en 2016.

“Mi estilo y postura han adherido a los márgenes, a las fronteras, no solo geográficas sino también culturales, políticas, ideológicas y editoriales”, señala.

“Tal vez ha sido por circunstancias, es cierto, tal vez por decisión. Ese provincianismo ha influido en mi carrera, indudablemente. No podría ponderar si para bien o para mal. Tal vez al final de esta novela entienda el propósito de todo”.

Retroalimentación de dos mundos

Ante la pregunta de cómo se ha retroalimentado su literatura y su labor docente, Flores responde que “una escuela o liceo es una especie de diorama de la sociedad, una nación en miniatura”.

“Todos los procesos que suceden al interior de una unidad educativa, las relaciones que se dan al interior de él, dan cuenta de lo que ocurre en el contexto global. Por eso es interesante observar y analizar lo que pasa en aquel: uno puede tomar el pulso de lo que acontece allá afuera, con la gracia de que las decisiones que uno tome pueden repercutir en el cambio, al menos en ese microclima”, explica.

“Desde un punto de vista literario es tremendamente enriquecedor ser docente de las nuevas generaciones, pues uno es el mediador de la literatura y el lenguaje, pudiendo conocer a los nuevos lectores, a los autores de este siglo, nutrirse de toda su creatividad”, asevera.

Añade que muchas historias que surgen en las conversaciones cotidianas con quienes alguna vez fueron sus alumnos, inclusive sus colegas, las ha convertido en literatura. “Pocos espacios sociales tienen la dicha de contener tantas historias, todo en un marco académico, donde los lenguajes de todas las disciplinas confluyen”.

Próximos proyectos

Finalmente, en cuanto a sus próximos proyectos, Flores quiere terminar la novela -con la cual obtuvo la Beca de Creación Literaria 2019, que hasta ahora tiene dos títulos tentativos: “La Epístola de Pablo” o “El año decisivo”.

“Es la carta de un sacerdote relegado en Putre, quien cuenta su experiencia personal, con la atmósfera de muerte que rodea el año 1986 en Chile y el mundo”, adelanta.

Paralelamente a eso, ya ha sido invitado a algunas universidades y escuelas a conversar sobre Obras proscritas, la colección de siete libros que pueden ser descargados gratis en sus redes sociales.

“Finalmente me dedicaré a escribir algunos textos, más en el área testimonial, sobre la vida de los habitantes de los pueblos del interior de Arica”, concluye.