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Escándalo en Iglesia evangélica ante los intentos por encubrir un caso de abuso sexual

“No fue tan grave lo que pasó, no le cuentes a tus papás, si no fue nada”. Así terminó el último episodio que la joven D.T.C. relató en la querella por abuso sexual presentada contra el pastor evangélico, Salomón Morales Muñoz (54), el 30 de abril en el 12 Juzgado de Garantía de Santiago.

Los hechos ocurrieron durante tres días de abril de 2017, en los que el acoso sexual y las insinuaciones sexuales fueron aumentando. Mientras el padre de la joven iba a buscar el auto, ella se quedaba en el templo, momento en que el pastor se le acercaba y la tocaba de forma indebida. Pero el episodio más grave -según relató la víctima en la querella- fue cuando Morales aprovechó un momento a solas durante una actividad sabatina en el templo, para poner la mano de ella en sus genitales y hacerle insinuaciones sexuales al oído. Ese año D.T.C. cursaba Cuarto Medio y tenía 17 años.

La joven, abrumada, contó lo ocurrido a sus padres y estos encararon al pastor, quien – según está consignado en la querella- se justificó afirmando “que fue un reflejo, que fue sin intención (…) fue a su casa a contarle a su familia lo que había pasado, tergiversando la historia de la situación, que yo interpreté mal un saludo que él me dio y que tenía problemas sicológicos”.

El hecho se supo al interior de la iglesia evangélica, pero entre otros pastores lograron convencer a los padres de la víctima de no hacer una denuncia penal y continuar en la congregación, por lo que la vida de Salomón Morales prosiguió sin mayores sobresaltos.

El peor verano

Convencidos los padres de la menor de guardar silencio, la carrera religiosa de Salomón Morales, que partió el año 2012 cuando murió su padre, dejó su trabajo como empleado administrativo en una empresa de cobranzas y heredó su puesto de pastor en el templo Monte Hebrón, emplazado en la calle Carlos Valdovinos de la comuna de San Joaquín. Dicha investidura también incluía un terreno al costado del templo, donde levantó la casa en la que vive y el dinero del diezmo que le entregan los fieles, que en la práctica significa una renta mensual de $2 millones de pesos.

A finales de abril, la familia Toro decidió presentar una querella por abuso sexual en contra de Morales y todos los que resulten responsables “como autores, cómplices o encubridores”. Según el padre de la víctima, dicha acción fue inevitable teniendo en cuenta que las autoridades religiosas encabezadas por el obispo no determinaron ninguna sanción de peso contra el pastor acusado: “Me ofrecieron el pastorado para de esa forma sacarme de la iglesia y llevarme a otro lado. Pero al ver que no pasaba nada después de hablar con el obispo, conversamos con mi hija y decidimos hacer la denuncia”.

Morales se convirtió en uno de los hombres de confianza de Juan Ormeño Lagos, obispo de la Iglesia Unida Metodista Pentecostal (IUMP), una escisión de 1964 de la Iglesia de Jotabeche, que encabezaba hasta hace poco el controvertido ex obispo, Eduardo Durán Castro.

La IUMP es la tercera entidad evangélica con más capital inmobiliario, sumando según un reporte de Ciper un total de 302 propiedades a lo largo de Chile, avaluadas en más de ocho mil millones de pesos.  El obispo Ormeño lidera la congregación que reúne a unos 311 templos en todo el país, según la información oficial de la organización.

En este esquema, Salomón Morales ocupó sin problemas un puesto en el directorio de la entidad y además, fue consejero de la organización juvenil. Es decir, a su cargo estaba, precisamente, impartir los preceptos de comportamiento y moral sexual entre los jóvenes.

La calma se terminó este verano que recién pasó, cuando todo se volvió especialmente tórrido para el pastor. El 12 de enero, un integrante de la comunidad Rubén Fuentes Calderón se acercó a los “oficiales del templo” para informarles una situación dramática por la que estaba pasando. Entre los oficiales estaba Marco Toro, padre de la joven DTC, y lo que escuchó fue la gota que rebalsó el vaso. La historia tenía como protagonista a Salomón Morales y para ser fiel a la nomenclatura cristiana, se le acusaba de haber “cometido adulterio” por una relación amorosa con la esposa de Rubén Fuentes, a la vez concuñada de Morales.

“Cuando se descubrió el adulterio yo dije basta, no lo apoyo más”, afirmó Marco Toro. El padre de la víctima siguió los canales internos para hacer la denuncia sobre lo que había pasado con su hija dos años atrás. Contó detalles de lo ocurrido a los pastores “supervisores”, que reconocieron la gravedad de lo ocurrido y se comprometieron a informar al obispo Ormeño para que aplicara una sanción. Pero pasó todo enero y no sucedió nada, Morales seguía en su puesto, con todos sus privilegios intactos.

En vez de sancionar a Morales, el círculo más cercano al obispo Ormeño, especialmente el pastor Alejandro Ávila, apuntó a Marco Toro, quien recibió una tentadora oferta por su silencio. “Al poco tiempo de informar a los supervisores, empezaron con el tema del encubrimiento. El obispo empezó a enviar pastores los días domingo en la tarde, en la reunión principal, porque una de las medidas que tomó es que el señor Morales ya no podía subir al altar en la tarde. Entre esos pastores que mandó, llegó a predicar en dos oportunidades el señor Ávila. La primera vez que vino, me invitó a comer a su casa con mi hijo. Me dijo ‘anda para que conversemos, tu eres una persona fiel a la Iglesia, colaboradora con tu familia. Yo estoy haciendo lo posible para que te manden al pastorado, tu tienes tantos años, tanto tiempo en la misión. Estoy haciendo todo lo posible para que te vayas al pastorado”, relató Toro, quien rechazó la propuesta.

En esta comunidad evangélica se formaron dos bandos, uno que le creyó y respaldó a D.T.C y el otro a favor de Salomón Morales, el que empezó una consistente campaña de “bullyng y menosprecio” hacia la familia Toro, al punto que acusaron que la joven había denunciado al pastor por que tenía patologías siquiátricas.

Marco Toro habló en privado con Ormeño y le entregó todos los detalles. El obispo se mostró consternado, pero no hubo consecuencias en la práctica para Salomón Morales. Pero sí hubo otra oferta para él, esta vez teñida de amenaza: “En ese momento me dice ‘mira Marco, te opongas tú o quien sea, a él [Salomón Morales] no lo van a sacar. Y ¿sabes lo que le pasó a una persona que se fue contra un pastor? Le dio cáncer y murió”. Fin de la conversación. Toro continuó hasta mediados de abril en su puesto dentro del directorio de la iglesia, pero finalmente él y su familia se alejaron de su comunidad religiosa.

Funa y querella

El caso era un secreto a voces entre los feligreses y Toro dijo que recibió en su teléfono al menos otros tres relatos de abuso y acoso sexual protagonizados por el pastor Morales. Uno, que correspondería a un menor de edad que cumple el rol de “guardatemplo” y que estampó una denuncia en la PDI de San Bernardo. Otro, de una mujer que trabajó con Morales en su época de empleado de cobranzas y que habría quedado registrado en las cámaras de seguridad de la empresa.

Ya en abril el tema llegó a las redes sociales, con posteos que hablaban sobre la relación extramarital que mantuvo, las  acusaciones por abuso sexual y la advertencia que de no detenerlo a tiempo, el pastor “podría terminar cometiendo una violación”, según se detalla en el recurso de protección que el 28 de abril presentó Salomón Morales en contra de tres personas, por lo que consideró una campaña de difamación en su contra.

A finales de abril, la familia Toro decidió presentar una querella por abuso sexual en contra de Morales y todos los que resulten responsables “como autores, cómplices o encubridores”. Según el padre de la víctima, dicha acción fue inevitable teniendo en cuenta que las autoridades religiosas encabezadas por el obispo no determinaron ninguna sanción de peso contra el pastor acusado: “Me ofrecieron el pastorado para de esa forma sacarme de la iglesia y llevarme a otro lado. Pero al ver que no pasaba nada después de hablar con el obispo, conversamos con mi hija y decidimos hacer la denuncia”.

La denuncia por abuso fue declarada admisible el 2 de mayo, está en manos de la fiscal Carolina Pardo, especialista en Delitos Sexuales y Violencia Intrafamiliar de la Fiscalía Sur.

Contactado por El Mostrador, el pastor Salomón Morales negó que los hechos ocurridos sean ciertos. “No voy a hacer mis descargos sobre una denuncia que no tiene fundamentos. Hay un recurso de protección y ya está en la justicia”, afirmó.

Por su parte, el obispo Juan Ormeño negó que se le hubiera ofrecido el cargo de pastor -y sus ingresos asociados por el diezmo- al padre de la víctima. “De nuestra parte no, porque actuamos de manera bien estricta para una designación de ese tipo. Quizás desde otro sector, si”, dijo y agregó que Salomón Morales “ya no es nuestro pastor, se le quitaron todas sus credenciales y su reemplazante será presentado esta semana”, aseguró.