La “leve mejoría” de Paris

Partamos por el hecho de que dos semanas es muy poco tiempo para hacer un juicio categórico del rol ejercido por una persona, pero en estas circunstancias, en que jugamos con el tiempo en contra, las primeras señales y acciones son claves para evaluar si es que se percibe un cambio de rumbo luego que Jaime Mañalich señalara, unos días antes de renunciar, que este era un “barco navegando a ciegas”, una frase suficientemente explícita en cuanto al nivel de crisis que estamos viviendo.

Sin duda, Enrique Paris marcó un punto de inflexión respecto de Mañalich, al menos en lo comunicacional. Fue muy evidente el nuevo tono. El ministro proyecta más la cara del médico de cabecera, ese que es capaz de escuchar al paciente y explicarle las razones de sus decisiones. Tiene una actitud, hasta corporal, que contrasta con la puesta en escena de un Mañalich, agresivo e intimidante, que parecía interrogar a un grupo de aterrorizados internos de último año con el paciente al frente de ellos.

Además del formato de panel de prensa con que a diario sufrimos con los nuevos casos –ya no tiene invitados a expertos como en la primera semana–, el ministro ha hecho una fuerte apuesta por proyectar en imágenes –recordemos que él ha sido “rostro” en varios canales– sus dos prioridades para el control de la pandemia: reforzar la salud primaria y la trazabilidad de los contagios. Sus asesores comunicacionales han dado en el clavo en eso. Hemos visto a un Paris simpático, cercano, recorriendo consultorios y saludando a la gente como un “rockstar”.

Paris también entendió que debe mostrarse como ministro y no solo como un médico de urgencia. Dio una señal política muy potente en sus primeras semanas. La sola mención –que luego intentó relativizar– de que las Isapres deberían restringir sus utilidades y aportar a una especie de fondo común, que podría servir en emergencias como esta, despertó muchos resquemores en los partidos de derecha que sustentan al Gobierno. De hecho, en redes sociales y algunos dirigentes en off volvieron a recordar que el ministro colaboró con Michelle Bachelet, que es independiente –le dolió a la UDI al perder ese “cupo”– e, incluso, que fue capaz de agradecer a la Confusam, dirigida por un comunista, por el rol cumplido en la crisis.

También han aparecido varios reportajes de medios televisivos y diarios tradicionales, mostrando el call center que busca personas que hayan estado en contacto estrecho con algunos pacientes (aquí no cuentan Zúñiga y Daza). Se puede destacar, además, el anuncio de los PCR a domicilio, pese a que no se explicó bien cómo operará. Ojalá no tenga el mismo efecto de las “cajas”.

Pero pese a estos cambios iniciales, promisorios por cierto, hasta ahora cuesta ver muchas diferencias de fondo con Mañalich, aunque declaró que no era “de continuidad”. Parece escuchar mucho, aunque aún no incluye los consejos. Y aunque se impusieron más restricciones, bajando los permisos, Paris desechó la idea de Espacio Público de aplicar “hibernación” en la Región Metropolitana. Esa sí habría sido una señal potente de un giro estratégico. Recordemos que el Gobierno, en un comienzo, se opuso con fuerza a las cuarentenas masivas. Pese al balance positivo de estas primeras semanas –la gente captó el nuevo tono, alcanzando un 87% en Cadem– el ministro pisó un palito peligroso con la “leve mejoría”, aunque quizás su mayor mérito es proyectarse más allá del COVID-19 con el anuncio de poner restricciones a las utilidades de las Isapres.

Creo que Enrique Paris pudo tener un mayor grado de prudencia con su anuncio de “leve mejoría”. Sin duda, fue un error comunicacional. Un ministro que lleva dos semanas en el cargo no puede dar una señal equivoca que se prestaba para interpretaciones: que él tuvo algo que ver en ese cambio de tendencia y dar pie para que el Gobierno cometiera un nuevo error, del tipo “nueva realidad”, y la gente volviera a salir.

Concuerdo que todos a estas alturas necesitamos ver algo de luz al final del túnel, pero las cifras aún no son estables y de fondo esto era más simple. Bastaba que otros –medios, científicos e incluso la gente vía redes sociales– instalaran la interpretación y luego el Gobierno se hiciera cargo. Y lo que estuvo totalmente de más es que Piñera ratificara ese día la frase. De seguro, en La Moneda empezaron a cruzar los dedos para que el Mandatario no improvisara en ninguna entrevista o punto de prensa

Paris también entendió que debe mostrarse como ministro y no solo como un médico de urgencia. Dio una señal política muy potente en sus primeras semanas. La sola mención –que luego intentó relativizar– de que las Isapres deberían restringir sus utilidades y aportar a una especie de fondo común, que podría servir en emergencias como esta, despertó muchos resquemores en los partidos de derecha que sustentan al Gobierno. De hecho, en redes sociales y algunos dirigentes en off volvieron a recordar que el ministro colaboró con Michelle Bachelet, que es independiente –le dolió a la UDI al perder ese “cupo”– e, incluso, que fue capaz de agradecer a la Confusam, dirigida por un comunista, por el rol cumplido en la crisis.

Enrique Paris ha devuelto algo de la confianza perdida en manos de Mañalich, lo que se reflejó de inmediato en las encuestas, pese a llevar apenas cinco días en el cargo. Pero aún le falta demostrar que no es un ministro de “continuidad”. Además, el enredo de las cifras sigue confundiendo –los “muertos presuntos” son iguales a los contabilizados– y la insistencia de la subsecretaria Daza respecto a que en el funeral del tío del Presidente se cumplió el protocolo 100%, pese a que hubo 9 personas más que el número permitido, son nubes que no ha logrado despejar.

Paris no tiene nada que perder, asumió el Minsal con Chile entre los peores países del mundo, por lo que se le presenta una oportunidad única de hacer un giro sin riesgos. Claro que es fundamental dar pasos rápidos, porque, de lo contrario, la frase “leve mejoría” puede que termine interpretándose como su propia performance.