jue. Feb 21st, 2019

La ultra conservadora a la calle: la estrategia de movilización y agitación social de la nueva derecha

La “Guerra de la Jibia” dejó una postal que marcó las tensas dos semanas en que la gran industria pesquera se enfrentó al Gobierno de Sebastián Piñera, al ministro de Economía José Ramón Valente y al subsecretario de Pesca Eduardo Riquelme. Mientras los pescadores artesanales cortaban calles y accesos a Talca y Concepción, más de dos mil trabajadores de la gran industria que exporta jibia salían a la calle a protestar por la cesantía que generaría la eliminación de la pesca industrial para recolectar el preciado recurso marino.

Según la gran industria de la jibia, manejada por capitales noruegos y las familias Stengel, Sarquis, Santa Cruz, Bohorodzaner, Fosk y Angelini, la ley aprobada en el Congreso dejaría 4 mil trabajadoras y trabajadores directos en la calle, más 500 indirectos. Cifra que prendió las alarmas entre los trabajadores industriales, que salieron a las calles con chalecos amarillos –emulando las movilizaciones en Francia–, pidiendo que el proyecto de ley fuera enviado al cuestionado Tribunal Constitucional (TC).

Trabajadores de la gran industria que, en más de una ocasión, se enfrentaron a los pescadores artesanales, que intentaban frenar el veto presidencial anunciado por La Moneda. Trabajadores contra trabajadores se enfrentaban, una vez más, por la pesca.

El 17 de enero, 1.500 trabajadores de la industria viajaron hasta Santiago para entregarle una carta al Presidente Piñera. “La gente está desesperada por sus puestos de trabajo, los movimientos van a ser cada vez más fuertes, porque los compromisos no se están cumpliendo”, advirtió Sergio Vera González, vocero de los trabajadores industriales y de los tripulantes de arrastre, que en años anteriores exigía la no derogación de la cuestionada Ley de Pesca, más conocida como “Ley Longueira”.

En paralelo, los pescadores artesanales destacaban que “los gremios defienden sus intereses” y recalcaban que las plazas de trabajo en cuestión son puestos “precarios, sin derecho a vacaciones (…) utilizan a los trabajadores para enfrentar a otros trabajadores, que son los pescadores artesanales, defienden el patrimonio pesquero de siete familias”, señaló Hernán Cortés, presidente de Condep.

“Con mis hijos no te metas” es otro movimiento ligado al mundo conservador, que intenta evitar la educación de género en los colegios, a nivel latinoamericano. Este movimiento, que se viste de colores celeste y rosado, destaca que la educación inclusiva de la diversidad sexual es una “ideología de género, totalitaria, antihumana y anticientífica que pretende imponerse en la sociedad a partir de leyes anticonstitucionales promovidas por el gobierno de turno”. La organización es liderada por la ex candidata a concejala de Evópoli, Ingrid Bohn, que también es parte del movimiento “Siempre por la Vida” y se ha vuelto activa en la defensa de los movimientos antitomas en los colegios.

Álgida movilización que recién bajó la tensión pasado el 23 de enero, pero que dejó un sabor amargo en La Moneda, luego que la industria “utilizara a sus trabajadores para chantajear al gobierno”, reconocieron desde el oficialismo. Una acción que se ha hecho recurrente en los últimos años.

Para el especialista en conflictividad laboral en los puertos chilenos durante el siglo XX y doctor en Historia de la Usach, Camilo Santibáñez, la movilización de trabajadores como un “recurso empresarial ha sido una cuestión permanente y generalizada en el rubro”, por ejemplo en contextos de negociación de cuotas. Explicó que “en el caso de las leyes en particular, es prácticamente una costumbre y un recurso en el repertorio empresarial, financiar la movilización de fuerza de trabajo al Congreso, en buses, pertrechados de lienzos y elementos afines”.

Santibañez destacó que en el caso de la “Guerra de la Jibia” existe “una disputa por el recurso que va a ser exportado, cuyo principal nudo gira sobre las cuotas”, conflicto que también es propiciado por estructura laboral de la pesca, ya que en industrial hay “una gran cantidad de fuerza de trabajo subcontratada” y los artesanales dependen de la venta a la gran industria, lo que propicia una dinámica de trabajadores contra trabajadores.

Un conflicto, que a pesar de ser reiterativo en el ámbito pesquero, deja al descubierto una acción que en el último año se ha intensificado desde los sectores económicos y la ultraderecha: propiciar la movilización social en un contexto de deslegitimación de la política institucional, que le da piso a liderazgos individuales y de corte populista, emulando las movilizaciones de 2017 en Brasil que sustentaron la llegada al poder del Jair Bolsonaro.

En Chile, las movilizaciones de la derecha más dura se fortalecieron durante los últimos años del segundo gobierno de Michelle Bachelet, con el fin de frenar iniciativas como la Ley de Aborto en tres causales, la Ley de Inclusión Escolar, que eliminó la selección en base al mérito en las escuelas, políticas sobre equidad de género y la inclusión de la diversidad sexual, como el libro “Nicolás tiene dos papás” y la Ley de Igualdad de Género y no discriminación.

El sociólogo y académico de la Universidad de Chile, Miguel Urrutia, destacó que tradicionalmente la derecha apunta a mantener el orden social y ha controlar las movilizaciones, pero “la coyuntura hace que juegue una apuesta que apunta a un actor social, se abre a la acción colectiva en los términos que a ella le conviene, pero mantiene la visión individual”.

Añadió que a pesar que han habido otras épocas de movilizaciones de la derecha como en la Unidad Popular, ahora abren “una arista social, con movilización social, un actor colectivo, eso es nuevo”. Para el sociólogo, “algo ha pasado” que ha llevado a la derecha ha “ponerse en riesgo y ha codearse con el populismo y crear ese actor colectivo y entrar a la disputa. Pero, es un actor que mantiene la escena pública deteriorada y despolitizada”.

Con mis hijos no

La movilización de las derechas, principal aquellos sectores más críticos de los grupos más liberales del conglomerado, como los descolgados de la UDI, que hoy agrupa la Acción Republicana, liderada por José Antonio Kast, no han escatimado en los llamados a salir a la calle.

Han pasado de las redes sociales a la acción callejera y la contra manifestación. Un ejemplo fue la expresión de grupos nacionalistas y conservadores en la última marcha por el aborto libre, que terminó con tres jóvenes a favor de aborto agredidas con cuchillos. Son -especialmente- los temas valóricos los que despiertan las principales pasiones, como fue el denominado “Bus de la Libertad” que llegó en medio de la tramitación de la Ley de Identidad de Género durante el gobierno de Bachelet y las marchas “Por la vida”, que hoy han evolucionado a movilizaciones “por las dos vidas”.

Protestas del conservadurismo que se expresan en todo el mundo, especialmente en América Latina. El movimiento antiaborto argentino -llamado la “Ola celeste”- ha significado un sin fin de enfrentamientos y persecuciones a las feministas y abortistas del país trasandino, el que ha tenido su expresión en nuestro país. Movimiento ultra que protagonizó un enfrentamiento con los diputados de derecha que apoyaron la Ley de Igualdad de Género en el Congreso, es más, hasta el diputado UDI, Jaime Bellolio, terminó golpeado por las dirigentas evangélicas que se manifestaban por la vida.

Hasta el propio José Antonio Kast se ha hecho parte de la ola antiaborto y ha llamado -a través de sus redes sociales- a comprar las denominadas pañoletas celestes a $1.500, que serán los protagonistas de la marcha “Por las dos vidas” convocada para el 30 de marzo, que busca protestar en contra de la idea de la adopción homoparental y la Ley de Aborto.

“Con mis hijos no te metas” es otro movimiento ligado al mundo conservador, que intenta evitar la educación de género en los colegios, a nivel latinoamericano. Este movimiento, que se viste de colores celeste y rosado, destaca que la educación inclusiva de la diversidad sexual es una “ideología de género, totalitaria, antihumana y anticientífica que pretende imponerse en la sociedad a partir de leyes anticonstitucionales promovidas por el gobierno de turno”. La organización es liderada por la ex candidata a concejala de Evópoli, Ingrid Bohn, que también es parte del movimiento “Siempre por la Vida” y se ha vuelto activa en la defensa de los movimientos anti-tomas en los colegios.

El sector de la derecha liberal también ha tomado las banderas de la educación para salir a las calles, principalmente en contra la Ley de Inclusión Escolar, que hoy intenta ser eliminada por la ministra de Educación, Marcela Cubillos, con el proyecto “Admisión Justa”, que intenta reintegrar la selección por mérito al sistema escolar. El caballito de batalla del gobierno ha sido el derecho de los padres a elegir y se han organizado a través de “Mi esfuerzo Vale”, que busca “democratizar la élite” y promover “las vías rápidas de movilidad social”, según destacan en su página web.

El movimiento agrupa a 35 organizaciones políticas y sociales de derecha, incluyendo a “Con mis hijos no te metas”, la Corpade, Fundación Jaime Guzmán, las juventudes de los partidos de Chile Vamos, el Instituto Res Pública, las federaciones de la Universidad de Los Andes, Finis Terrae y el Movimiento Gremial de la Universidad del Desarrollo.

Individualismo a la calle

Esta ola de movilización da muestra de que la “derecha no ha dejado de construir espacio social y que la izquierda se quedó sin política”, señaló la directora de Nodo XXI, Daniela López. Para la abogada es un error creer que la movilización social es patrimonio de la izquierda y destacó que es importante entender que “no hay una homogeneidad de las derechas en pugna, hay radicalizadas y pragmática, también hay derechas con giro y avance conservador que disputan discursos que avalan la violencia, exclusión y mercantilización, como en la migración y en conflictos con las mujeres. Es una derecha que construye sociedad”.

Para el sociólogo, Mauro Salazar, la movilización es clave dentro de la lógica de las tres derechas, “una neoconservadora que se ampara en una fuerte reivindicación de la propiedad, otra populista que se abandera con los temas valóricos y sociales (No compre Colun) y una típicamente tecnocrática y liberalizante, basada en la especulación financiera. Todo ello tiene matices respecto a visiones de gobierno y sociedad, fricciones internas y rearticulaciones con la élite. Pero aquí se ha impuesto una kastización de la iniciativa política”.

De esta forma, según López, la agitación y movilización de las derechas “construye discursos que le pueden hablar a muchos sectores individuales, no organizados”, con el fin de agudizar los “grados de fraccionamiento en la sociedad y los trabajadores. Por lo tanto, se escapa de quienes son los responsables de la desigualdad y quienes la han producido políticamente”.

De esta forma, la movilización de la derecha se basa en los principios conservadores, y se torna anti-migrante, porque “de la expulsión y regulación de los migrantes dependen las mejoras de los trabajos” o de prohibir los derechos sexuales “que están en contra de los principios de la familia que es el sustento de la sociedad”. El objetivo, añadió, es “mantener y agudizar la competencia y el fraccionamiento, ya que es la posibilidad de mantener los grados de desigualdad, la mayor acumulación, y terminamos compitiendo entre nosotros mismos, lo que finalmente impide la real organización social”.