Los roces y problemas de la «Operación Longueira»

Su regreso a la primera línea política no tiene nada de casual. Es más, fue urdida por los poderes fácticos del gremialismo con objetivos claros: evitar que «la izquierda» se apropie del triunfo del Apruebo en el plebiscito del 25 de octubre, que el Gobierno quede atrapado en la derrota de la opción «Rechazo», blindar la imagen de Joaquín Lavín y de paso, recuperar formalmente el poder de la UDI. Pero lo que no se sopesó bien en el diseño fue el hecho que las cosas han cambiado harto en los últimos años, incluso puertas adentro del partido de calle Suecia, por lo que no se calculó ni remotamente que la reaparición de Pablo Longueira en el escenario político iba a generar resistencia, roces y problemas en las propias huestes gremialistas.

El domingo 30 de agosto el ex ministro reapareció con una entrevista en El Mercurio y luego esa misma noche en Mega, en las que anunció que -al igual que Lavín- iba a votar por el «Apruebo» en el plebiscito y que se postularía para la Convención Constituyente. Más allá del revuelo inicial y de la barra brava en redes sociales, lo cierto es que con el correr de los días y de las varias entrevistas que ha dado en estos días, desde entonces las cosas se han enredado, porque lejos de generar la unidad planificada, sus intervenciones estaría tensionando internamente a la UDI, junto con traer a la palestra el escándalo del caso SQM y el financiamiento ilegal de la política, un episodio que fue una verdadera pesadilla para la colectividad.

Durante la semana pasada ya se había comentando que Longueira regresaría de lleno a la coyuntura, porque las conversaciones con su familia y parte de su círculo íntimo se habían filtrado con el propósito específico de allanar el camino a la apuesta política de provocar un «remezón» en la derecha ad portas de los 18 meses claves en términos políticos y electorales. En sectores cupulares de la UDI se habría detectado que el partido corría un serio riesgo de debilitar su capacidad de influencia política, si es que la lista de la disidencia se hacía del poder interno una vez que culmine la gestión de la actual timonel, Jacqueline van Rysselberghe.

No por nada en sus entrevistas, Longueira ha insistido que junto con postularse a la Constituyente, uno de sus objetivos es ser el siguiente presidente de la UDI. Una aspiración que en la interna gremialista se entendió como una imposición y gatilló la resistencia interna, especialmente de la disidencia. Con la diputada María José Hoffmann a la cabeza,  un sector de la bancada le respondió públicamente al ex ministro que si quería dirigir el partido tenía que competir, una declaración que encendió las alarmas.

Aparte del poder interno en la UDI, el regreso de Longueira tuvo su razón de ser en querer evitar que la derrota del Rechazo el 25 de octubre sea una derrota del Gobierno de Sebastián Piñera, y de todo el oficialismo, un diagnóstico compartido en varios personeros de la actual administración. Y es que una tesis que está dando vueltas desde hace un buen tiempo es que si el Apruebo gana por cerca de un 80%, este triunfo se le adjudique a la oposición y con eso, señalaron, exista la tentación de cuestionar el mandato de Piñera, lo que afectaría con creces la gobernabilidad de la actual administración. De ahí se entiende el trasfondo del discurso del ex ministro, que apuesta a que todos, incluidos el Gobierno, se sumen al Apruebo, de esa manera, se le quita de las manos el triunfo a la oposición el 25 de octubre.

De hecho, en los mismos que inicialmente aplaudieron y hasta se emocionaron con el retorno del ex presidenciable, se ha comenzado a visibilizar reparos a la figura de Longueira, pues entendieron que su sola presencia es una directa amenaza electoral para la otra lista. La tensión interna que se instaló no es un tema menor para la UDI, porque el tablero interno se desordenó más de lo que se pensaba, ya que puso en jaque el orden interno necesario para afrontar el intenso calendario electoral del próximo año y medio.

Operación salvataje

Aparte del poder interno en la UDI, el regreso de Longueira tuvo su razón de ser en querer evitar que la derrota del Rechazo el 25 de octubre sea una derrota del Gobierno de Sebastián Piñera, y de todo el oficialismo, un diagnóstico compartido en varios personeros de la actual administración. Y es que una tesis que está dando vueltas desde hace un buen tiempo es que si el Apruebo gana por cerca de un 80%, este triunfo se le adjudique a la oposición y con eso, señalaron, exista la tentación de cuestionar el mandato de Piñera, lo que afectaría con creces la gobernabilidad de la actual administración. De ahí se entiende el trasfondo del discurso del ex ministro, que apuesta a que todos, incluidos el Gobierno, se sumen al Apruebo, de esa manera, se le quita de las manos el triunfo a la oposición el 25 de octubre.

Y a sabiendas que se trata de una tarea casi imposible, es que en sus declaraciones Longueira se atrevió incluso a insultar a quienes están por el Rechazo, en una arriesgada maniobra, acusando su campaña de inentendible y señalando que estar por aquella opción, es estar de rodillas, tratando de causar un efecto de reflexión, pero que hasta ahora, sólo ha generado anticuerpos y críticas internas.

Uno de los objetivos de la operación Longueira es restarle relevancia al plebicito En uno de sus videos subidos a la plataforma de YouTube, señaló sin tapujos que la idea es que el referéndum “sea irrelevante”. Esto se complementa con el discurso que ha instalado también el propio Presidente Piñera y  que apunta a mirar más allá de octubre, donde el oficialismo se encontraría más armado que la oposición.

La operación trae consigo el objetivo también de cerrar otro flanco: blindar a Lavín, quien con su flexibilidad ideológica ha sacado más ronchas de las que se esperaban. Ejemplos son muchos, pero los más relevantes este tiempo han sido definirse a favor del «Apruebo», su apoyo al retiro del 10% de los fondos de las AFP, y declararse un socialdemócrata, lo cual abrió un flanco demasiado extenso y con riesgo de desangramiento de su partido hacia la extrema derecha. La figura de Longueira en este caso viene a cerrar filas con el edil de Las Condes, dejar constancia ante todo el mundo que desde lo más tradicional del sector, desde la cuna del gremialismo más cercano a los fundamentos de Jaime Guzmán, ideólogo de la Constitución de 1980, también existe una mirada complementaria, la de él.

Si bien hay quienes vieron en su discurso e ímpetu un “desatino”, considerando que las bases ya votaron porque el partido se la juegue por el «Rechazo» y que las campañas ya estaban en pleno rodaje, al interior de la directiva han visto con buenos ojos la estrategia en este punto, porque  mientras la timonel UDI cierra el flanco más conservador al alinearse con el discurso de José Antonio Kast, por otro lado Longueira se alinea con Lavín con miras al centro, lo que permite al partido un escenario “perfecto” para caminar con tranquilidad hacia octubre y sortear el plebiscito una salida protegida tras la derrota.

Los flancos del coronel

Su aterrizaje vino acompañado de un discurso de ninguneo a la fiscalía, no sólo dijo que hacen lo que quieren, con un tono anti institucional o que va a demandar al Fiscal Nacional, Jorge Abbott, sino que Longueira también apuntó al Consejo de Defensa del Estado, ya que acusó de comunista a a la abogada, María Inés Horvitz, a quien apuntó como uno más de los factores que lo tendrían en un escenario de incertidumbre judicial.

La verdad es que Longuiera se encuentra a la espera de un juicio oral, tras haber sido acusado de cohecho en su cargo como ministro de Economía durante el primer gobierno de Piñera, esto en el marco de la investigación del caso SQM, uno de los dos más grandes casos de corrupción de platas políticas que remecieron a la institucionalidad del país. En el caso de las acusaciones por facturas falsas, enmarcado en el otro caso que vino aparejado, como el denominado caso Penta, fue la inacción del Servicio de Impuestos Internos que imposibilitó a la Ministerio Público de seguir indagando en el caso.

Si bien al interior del partido le intentaron bajar el perfil, señalando que la mayoría del gremialismo estaría convencido de su inocencia y que existe una persecución, las palabras de la alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei, revolvieron todo en el partido. En entrevista con CNN no tuvo tapujos para señalar que “no está en condiciones de presidir la UDI”, que el ex ministro «primero tiene que solucionar eso», aludiendo a su flanco judicial abierto en el caso SQM.

“Uno de los principales problemas que tenemos y que originó el estallido social es que a la mayoría de la gente en Chile le cuesta una enormidad llegar a fin de mes y mientras tanto tenemos políticos, generales, curas que han cometido otro tipo de abusos, tenemos empresarios… en el fondo hay un robo a los chilenos que no ha sido sancionado suficiente ni por los tribunales, ni por Contraloría, ni por ningún partido y es difícil construir cualquier cosa en Chile porque las instituciones se han venido abajo en su credibilidad», sentenció la alcaldesa UDI.

Sin duda, sus palabras fueron una bomba interna en el gremialismo, lo que quedó de manifiesto con la desbocada reacción de Longueira, quien acusó a Matthei de «mala leche» y dijo que sus palabras fueron de «mal gusto».

El flanco judicial de Longueira provocó el primer choque interno en el comité político. En una maniobra arriesgada considerando su rol como ministro del Interior, Víctor Pérez puso las manos al fuego públicamente por el ex senador: «yo soy amigo de Pablo Longueira lo conozco hace más de 30 años, y estoy seguro que Pablo Longueira es absolutamente inocente, va a probar su inocencia». Pero en La Moneda no todos están por inmolarse por Longueira, ya que el vocero Jaime Bellolio, también UDI, tomó distancia notoria y acorde a su rol de secretario de Estado precisó que «al Gobierno no le corresponde decir si una persona es inocente o no, eso le corresponde a los tribunales de justicia, ahí hay una investigación que está en curso y, por tanto, no nos corresponde entrometernos en aquello».

No por nada no son pocos los que en la UDI ya no consideran tan buena idea el retorno y protagonismo de Longueira.

Pero SQM no es su única debilidad. Si bien en la interna no causa ningún tipo de resquemor, el pasado reciente de Longueira como lobista ha sido comentario de pasillo obligado, ya que sin dudas -reconocen en el partido reservadamente- es un flanco más a tener en consideración, pensando en el enlace que hace la ciudadanía del gremialismo con el gran empresariado.

A cargo del “Grupo Austral”, el exministro tenía entre sus objetivos recaudar cerca de 10 millones de dólares para llevar a cabo su proyecto de “Parque Austral”. En ese carácter es que se registró por Ley de Lobby en varias ocasiones, siendo recordadas sus citas con Pablo Badenier, el ex ministro de Medio Ambiente de la ex Presidenta Michelle Bachelet, como también con el  comandante en jefe de la FACH, Jorge Robles, y el entonces general director de carabineros, Bruno Villalobos.