Matemático Claudio Gutiérrez y la Convención Constituyente: “Ojalá no se llene con los mismos de siempre”

Un proceso constituyente donde los protagonistas sean, entre otros, las científicas y científicos de a pie, espera el matemático Claudio Gutiérrez.

El académico se hizo conocido en noviembre al increpar al ministro de Ciencia, Andrés Couve, y a la presidenta de la Academia de Ciencias, Cecilia Hidalgo, por no reclamar contra las violaciones a los derechos humanos ocurridas en el marco del estallido del 18 de octubre. “Iré a votar, y marcaré Apruebo y Convención Constitucional. Es imprescindible repensar la convivencia social y nuestro futuro como país”, anticipó con miras al plebiscito del 25 de octubre.

“No sólo la Constitución actual es ilegítima, no sólo la ciudadanía salió masivamente a exigir cambios en la vida, dignidad para las personas, fin a la inequidad de género, reconocimiento de los pueblos originarios, soberanía sobre nuestras riquezas, etc., sino que además estamos viviendo cambios planetarios que exigen perspectivar de otra manera nuestra convivencia. Creo que no se ha entendido bien que estamos viviendo una nueva era. Necesitamos pensarnos de nuevo, todos, como país, hacia el futuro”, señaló.

Gutiérrez es profesor titular del Departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad de Chile y celebró que los científicos jóvenes hayan estado muy activos y organizados con miras al plebiscito, porque  -lamentó- “no he visto articulación sistemática de las agrupaciones científicas establecidas a favor del proceso constituyente”, aunque  nombró individualidades como el físico José Maza, el matemático Andrés Navas, la antropóloga Sonia Montecinos, el bioquímico Romilio Espejo y el economista, Ramón López, entre otros.

¿Cuál es el papel del ministerio en este proceso? “No espero nada del actual ministerio. No ha sido capaz de defender el ya exiguo presupuesto de la ciencia, esto antes incluso de la pandemia, se portó de manera indigna frente a las mentiras durante el estallido de octubre, se ha portado de una manera servil frente a las manipulaciones del poder durante la pandemia, no ha sido capaz de salir a defender a los estudiantes de postgrado e investigadores jóvenes en la delicada situación en que viven, tampoco ha dicho nada sobre la mercantilización de la formación de investigadores a través de créditos que está proponiendo el gobierno”, criticó Gutiérrez.

Entre las agrupaciones de jóvenes científicos destacó la Red de Investigadoras, RedesChilenas (científicxs chilenxs en el extranjero), Asociación Nacional de Investigadores de Postgrado (ANIP), Ciencia Conciente, Red de investigadores en educación chilena (REICH), Investigadorxs en Artes y Humanidades (AyH), los cabildos de Ingenería y Ciencias, y la Asamblea por el Conocimiento y la Investigación.

“Como ejemplo permítanme detenerme en esta última. Es una agrupación mayoritariamente de jóvenes científicos que surgió al calor del 18 de octubre y del proceso constituyente que el estallido detonó. Escribieron un manifiesto que me interpreta totalmente, un lúcido diagnóstico de seis puntos que argumenta la necesidad de un nuevo modelo de producción de conocimiento”.

En este manifiesto se precisó que la investigación fue reducida por el modelo neoliberal a papers y proyectos, que, en paralelo, la profundización del modelo de crecimiento extractivista se profundizó, lo que se tradujo en la reducción de la complejidad productiva, la depredación de los recursos naturales y la pérdida de la soberanía económica, cultural y política del país y, que existen inaceptables inequidades (sociales y laborales) en el mundo de la investigación. En el documento se agregó que es necesario democratizar la toma de decisiones en todos los espacios donde se crea/produce el conocimiento, que la investigación reproduce las inequidades, desigualdades y asimetrías de poder de la sociedad chilena, en particular la inequidad de género y que es fundamental repensar las relaciones entre los procesos educativos y la producción de conocimiento.

Científicos en la Constituyente

Gutiérrez aspira a que haya investigadores e investigadoras en la Convención Constituyente. “Hay muchos buenos candidatos y candidatas. Me gustaría que estén bien representadas las regiones, gente como la vicerrectora académica de la UDEC, Andrea Rodríguez, brillante científica, sería un tremendo aporte, que haya una paridad de género -hay muchas científicas mujeres en todas las disciplinas- y que estén representados los pueblos originarios, donde hay excelentes científicas y tecnólogas que conjugan virtuosamente ambos mundos”, recalcó.

Entre estas últimas nombra a Doris Sáez Hueichapan de la Universidad de Chile y Millaray Curilem Saldías de la Universidad de La Frontera, “quienes se están formando en la investigación -hay varios miles de doctores jóvenes- y quienes trabajan sosteniendo los laboratorios y proyectos, muchas veces sin contratos estables”.

Para Gutiérrez, es clave y “debiéramos jugárnosla todos y todas es porque esa Convención no se llene con los mismos de siempre, esos que pululan alrededor de ministerios, agencias y esferas de poder, que ponen las bases, concursan y -oh sorpresa- se ganan todos los grandes proyectos, que en la ciencia conforman una élite, que, al igual que en la política, la economía y la sociedad, no quieren que nada cambie”.

Respecto de la ciencia, la Constitución de 1980 establece que “corresponderá al Estado, asimismo, fomentar el desarrollo de la educación en todos sus niveles; estimular la investigación científica y tecnológica, la creación artística y la protección e incremento del patrimonio cultural de la Nación (artículo 19, inciso 10). Además, en el inciso 25 se protege la propiedad sobre productos del trabajo científico y tecnológico.

¿Es suficiente?. “Una Constitución, le escuché a la profesora Amaya Álvez de la UDEC, es algo que excede con mucho las palabras del texto”, respondió Gutiérrez, y citó: “Es una norma jurídico-política, pero no se agota en el texto. Esto es importante pues el estatus, el lugar que se le dé a la ciencia, no depende solo de un artículo u otro. De hecho, en la actual Constitución de Pinochet/Lagos no aparece la palabra ‘subsidiariedad’. Y esa noción, junto con la idea del individualismo por sobre la de comunidad, son la esencia del modelo de sociedad de esa Constitución”.

En ese sentido, para el matemático no se trata de darle estatus especial a la ciencia y al conocimiento en la Constitución, sino que la Nueva Constitución primero termine con los ejes que producen la segregación que fundamenta el modelo. Segundo, que promueva un nuevo modelo de desarrollo no rentista -y luego demande ciencia- y tercero, asegure la propiedad intelectual colectiva de los saberes, ciencias y conocimientos, así como su valoración, uso, promoción y desarrollo.

COVID y ciencia

Para Gutiérrez, la crisis generada por el COVID-19 dejó al descubierto la situación de la ciencia en Chile, en el marco de las reformas realizada por la dictadura, más allá del “vergonzoso tema de los datos que ya es suficientemente conocido y que, aclaremos, aún no ha sido resuelto. Pero en lo estratégico, la ciencia chilena demostró todas las flaquezas que tiene en un asunto que podría haber sido crucial: las vacunas. El abordaje de la vacuna ha demostrado que carecemos de una plataforma de un mínimo de solidez que permita enfrentar estas situaciones. Una vacuna y la realización de ensayos clínicos requiere una infraestructura”.

En ese sentido, le parece necesario recordar que Chile la tenía, como lo muestran las investigadoras Cecilia Ibarra y Mirtha Parada,  con el Instituto Bacteriológico -hoy Instituto de Salud Pública-que producía medicamentos, sueros y vacunas para Chile e incluso otros países latinoamericanos. Sin embargo, a partir de 1980 se desmanteló su capacidad para desarrollar biotecnología y se debilitó su capacidad para realizar investigación (“por ejemplo, analizar resultados de ensayos hechos en Chile”). Por eso, hoy “esta institución cumple principalmente funciones regulatorias”.

Para Gutiérrez, se debe aumentar la inversión en ciencia, que hoy apenas llega al 0.38% del PIB. Esto, explica, con el fin de desarrollar en el país una infraestructura que permita hacer ciencia, tecnología, conocimiento soberano -que no significa autárquico, sino no-dependiente- como un presupuesto para financiar a los jóvenes que estudian, para financiar una infraestructura que permita enfrentar en condiciones dignas una pandemia, para financiar dignamente los miles de técnicos que forman la base de la ciencia y financiamiento para que los miles que se dedican a la producción de conocimiento, para que puedan desarrollarlo al servicio de los problemas del país.

Ese presupuesto, advirtió, no quiere decir financiamiento público para perpetuar los proyectos personales -hasta laboratorios con apellido del “dueño”- de una élite letrada/ilustrada/experta “cuyo objetivo es codearse con las élites mundiales y jugar a ser contraparte local de los desarrollos del primer mundo. Una élite que sigue creyendo en una sociedad segregada y que solo cambió los títulos nobiliarios y los apellidos de ayer por la ‘meritocracia’ de hoy. Una élite que considera que para el ‘resto’ -la señora Juanita y sus hijas- basta el outreach, esto es la difusión, el chorreo, desde quienes tienen la luz, hacia el resto ignorante”.

“No. La ciencia no tienen nada que ver con esto. La ciencia es una empresa social que recoge los conocimientos y el hacer de cada uno. No es casualidad que se haya encumbrado cuando se encumbró la democracia. La ciencia no respeta ni necesita jerarquías. Muy al contrario, se hace entre todas y todos de manera horizontal y sujeta al escrutinio público”, afirmó Gutiérrez.

¿Cuál es el papel del ministerio en este proceso? “No espero nada del actual ministerio. No ha sido capaz de defender el ya exiguo presupuesto de la ciencia, esto antes incluso de la pandemia, se portó de manera indigna frente a las mentiras durante el estallido de octubre, se ha portado de una manera servil frente a las manipulaciones del poder durante la pandemia, no ha sido capaz de salir a defender a los estudiantes de postgrado e investigadores jóvenes en la delicada situación en que viven, tampoco ha dicho nada sobre la mercantilización de la formación de investigadores a través de créditos que está proponiendo el gobierno”, criticó Gutiérrez.

“Estamos en un proceso constituyente precisamente porque las instituciones perdieron completa credibilidad. El protagonista aquí debe ser el pueblo, y en el caso que hablamos, las científicas y los científicos de a pie”, concluyó.