Oposiciones sin unidad de propósito de cara a la elección de los constituyentes en enero de 2021

Como es común en cada elección –a la hora de los balances–, finalmente “nadie perdió” y la mayoría coincidió en que la compleja estructura de las primarias, el cruce de reales competencias y el pequeño grupo de comunas pactadas, hacen muy difícil proyectar a futuro un comportamiento electoral de la ciudadanía basado en el resultado del domingo. Pero aquello no quita que se deba realizar un análisis más profundo, especialmente sobre cómo se van a tener que parar unos al frente de otros, en la oposición, de aquí a la conformación de las listas de los convencionales constituyentes.

Con los pies en la tierra y off the record al interior de los partidos y de los pactos, varios coinciden en que no hay forma de llegar a una lista única con miras a la elección de constituyentes, menos ahora en que desde el Frente Amplio (FA) la gravitación del sector se movió un paso a la izquierda y, por el contrario, en Unidad Constituyente uno hacia el centro. Desde este último bloque lamentaron la “pérdida de influencia“ de los sectores más llanos a los acuerdos, como lo serían RD y Convergencia Social –de Gabriel Boric–, aseguraron.

Más allá de la voluntad que se ha expresado públicamente y previo a las primarias, eran más los convencidos de la imposibilidad de aglutinar a toda la oposición en una sola lista, esto debido al alto nivel de contrastes de los diferentes proyectos políticos de uno y otro lado, pero principalmente por la falta de una mirada común sobre cómo tiene que avanzar el país y cuál es el proyecto al que apuestan. En dicho marco, el riesgo latente de llegar con mayor cantidad de listas que el oficialismo, proyecta un resultado matemático desfavorable, pues el actual sistema electoral premia a los grandes conglomerados y castiga a los pequeños, por lo que mantener el 78% del Apruebo sería una tarea cuesta arriba.

“Al ser un número de cupos mínimos a constituyentes, en este caso la unidad te excluye”, apuntaron desde el bloque Unidad Constituyente. Es que nadie tiene la real voluntad de quedar fuera de competencia.

A menos de una semana de las primarias, el debate de las políticas de alianza retornó a la interna partidista y de pactos. Por la cantidad de votantes que participaron de la primarias de uno y otro sector de la oposición, Unidad Constituyente es la que se puso al frente del tablero, y lo plasman señalando que, a la hora de hablar de negociaciones proporcionales, habría quedado establecido que la escala es de uno a cuatro a su favor.

Desde sectores del Frente Amplio la interpretación del resultado apunta a la imposibilidad de competirle a la “maquinaria electoral del acarreo de la ex Nueva Mayoría», y advierten que los resultados deberían medirse respecto del «tiempo de vida de las coaliciones y en base a los triunfos en las competencias más simbólicas”.

Mientras que en Unidad Constituyente fue la Democracia Cristiana la que se impuso, corriendo el eje hacia el centro, en el Frente Amplio fue Comunes, desplazando el mismo hacia la izquierda. De esta manera, se termina por sellar la teoría de los dos polos del sector, que para varios se transformó en un alivio, pues creen que debería bajar el nivel de tensión, toda vez que ahora existiría un mayor grado de autonomía para definir posiciones en los diferentes temas de debate de carácter nacional.

La meta –agregan– sigue siendo la presidencial, y la posibilidad de llegar con candidato único a segunda vuelta, porque el “espejismo” de la lista única, pensando en la elección de constituyentes, “nunca dejó de ser utopía”, puntualizan.

En este sentido, el analista Víctor Maldonado, de la DC, precisó que se “crean dos polos, dos maneras de entender la oposición, que tendrán que dialogar para, finalmente, prestarse el apoyo uno u otro, dependiendo de quién reúna más apoyo popular. Eso está determinado por cómo se distribuyen las proporciones, que en este caso sería de uno a cuatro a favor de la Unidad Constituyente».

Desde la Democracia Cristiana señalan que ya no se puede trabajar sin ellos en ese bloque, y RD ya no es el interlocutor en el FA.

A partir de aquello existen dos interpretaciones. Por un lado, desde fuera del PS acusan la incomodidad de este ajuste ideológico en el bloque, pues generaría un desacople mayor entre la dirigencia del partido y sus bases. Esto, basados en la incomodad que se vive en el partido, desde hace mucho tiempo, principalmente respecto de la imposibilidad de desmarcarse de la DC ante el comportamiento que tuvo en varios de los temas cruciales de discusión parlamentaria y que terminó por fracturar en varias ocasiones a la propia oposición. Ejemplos de ello son la reforma tributaria o la de pensiones, entre otros.

Por otro lado, personeros que conocen del trabajo diario de la directiva socialista, apuntan al vaso medio lleno, lo que significaría principalmente que el PS ahora sí podría contar con un socio de peso “capaz de hacer el trabajo sucio”, es decir, el de separar aguas con el PC, pensado en una primaria presidencial. Ante la posibilidad cada vez más real de no llegar con candidato propio, les facilitaría las cosas, pensando en una mayor factibilidad de plegarse a un candidato dentro del pacto, en este caso, y por ahora, Heraldo Muñoz o Francisco Vidal.

Desde Comunes, su presidente, Jorge Ramírez, apunta a que existe una dimensión política muy clara respecto de la frontera que la ciudadanía espera de cada una de las coaliciones. De alguna u otra manera, el triunfo de la DC es una situación compleja para los sectores más progresistas que están en Unidad Constituyente y probablemente su militancia de base los ve mucho más cercanos al FA que a la DC.

De vuelta al terreno de los vencedores y los vencidos, hay quienes fuera de micrófono, desde el sector de Unidad Constituyente, se atreven incluso a decir que se acabó “la marca de moda del FA”, mientras otros insinuaron el fin de la tesis del reemplazo, que apuntaba a que el nuevo proyecto político del Frente Amplio conquistaría a los decepcionados de la ex Concertación. “Eso se terminó”, sentenciaron desde el PPD.

En respuesta a aquello, desde el frenteamplismo primero llaman a dejar de analizar todo bajo la lógica del binominal, y acusan un “terrible error” de lectura en la visión del PPD. Recuerdan que para las presidenciales últimas se les había ninguneado de igual manera y que, a la hora de las “grandes definiciones”, se triplicó el electorado que habían acusado que no existía.

El analista electoral Axel Callís señaló que “votó tan poca gente que no hay ninguna posibilidad de proyectar algún resultado para el 11 de abril. En ese contexto, todas las conclusiones que se puedan sacar, dentro de un ámbito al interior de los pactos, son débiles”.

A eso agregó que “todos los partidos quedan debilitados, porque ni siquiera fueron capaces de movilizar a su activo duro. Esto es un retroceso con respecto a cualquier primaria y a la menos participativa, que fue la de 2016, porque donde hubo primarias se movió casi el 5% del electorado y aquí no alcanzó a ser el 3%”.

Resquemores hacia los independientes

Luego del resultado del plebiscito del 25 de octubre, principalmente el que la Convención Constitucional haya sacado incluso más votos que el Apruebo, para todos en el mundo de la política fue la última gran señal respecto a que la ciudadanía busca otro tipo de representación, diferente a la que estaban entregando los partidos. En este sentido, se entendió que el significado de aquella votación tenía un fin único: que sea el mundo independiente el que escriba la nueva Carta Magna.

Ello, sin embargo, se ha transformado en un gran dolor de cabeza, principalmente, porque significa ceder espacios. Y si bien varias han sido las colectividades que se han abierto a integrar a gente del mundo independiente, y de diferentes organizaciones sociales, existen variados resquemores que chocan con lo que sería la voluntad ciudadana.

Y es que, al no ser un discurso en línea con la temperatura ambiente, que los independientes se tomen la redacción de la nueva Constitución abre una gran encrucijada: a quiénes responderán, lo que llevaría consigo el riesgo de entregar espacios sin garantías de una visión complementaria.

“Independientes no son grupos, son denominación de gente diversa, no hay por qué entender que unos independientes interpretan a los otros. Y se van a fragmentar, cosa que está sucediendo”, indican en el pacto Unidad Constituyente. “La gracia de la política es que se tiene la costumbre de llegar a acuerdos entre gente que no está naturalmente de acuerdo. Los independientes no tienen esa costumbre, no los aglutina nada, esa es la perdición”, advierten.

Bajo este prisma, el debate en el Congreso sobre los independientes no ha cumplido –según varios sectores– con los tiempos requeridos, pensando en que el 11 de enero se cumple el plazo para la inscripción de candidatos y candidatas.

Este jueves el proyecto seguirá su tramitación en la Sala del Senado, para luego volver a la Cámara, donde ha existido mayor consenso respecto de la exigencia de patrocinios para personas individuales y también para las listas, así como la clave única para no tener que conseguir los patrocinios en terreno en medio de la pandemia.

El difícil debate que se deberá zanjar y sobre el que se está bien alerta desde el mundo independiente, tiene que ver con los subpactos. Iniciativa ingresada por el Frente Amplio, pero que en la Cámara fue rechazada incluso con votos de la oposición. En este caso, la discusión que se dio dentro de los partidos es que, al verse imposibilitados de subactar entre las tiendas que son parte de un pacto mayor, consideran que no sería justo que los independientes sí pudieran hacerlo.

Para Callís, “un 35% de los electos en Unidad Constituyente son independientes con prestigio propio. Cinco de los 16 ganadores son independientes y, por tanto, les prestan votos a los partidos de Unidad Constituyente. En ese contexto, la DC aparece como el menos débil, no como el más fuerte”, acota el analista.