Tranquilos, las puertas de los aviones no se pueden abrir en pleno vuelo y la física nos explica el motivo

El cine y las noticias nos han infundido el miedo a salir volando por los aires si una de las puertas del avión se abren en pleno vuelo. Todos sabemos que si eso ocurre, la presión nos absorbería y arrastraría hacia fuera, pero la ciencia y la seguridad de las aerolíneas están de nuestro lado. El peligro es nulo.

Si echamos un vistazo rápido por internet encontramos muchos casos en los que algún pasajero borracho o con una ataque de pánico ha tenido que ser reducido para evitar que cause daños en el avión al intentar abrir la puerta. Es importante tranquilizarle, para que no haga daño a otros pasajeros o a la tripulación y que no abra la puerta, aunque esto último sea imposible. 

Los demás pasajeros podemos respirar algo más tranquilos al saber que es realmente complicado que esas puertas se abran cuando estamos en el aire, aunque la situación siga siendo desagradable. la física puede ayudarnos a mantener la calma en estos casos. Existen dos motivos por los que nunca se pueden abrir las puertas de un avión en pleno vuelo. 

Están cerradas herméticamente

La primera razón tiene que ver con la seguridad con la que se diseñan actualmente los aviones. La apertura de las puertas depende del piloto. Durante el vuelo las puertas se mantiene herméticamente cerradas y el manillar que vemos está automatizado y se desbloquea desde la cabina del piloto. 

Por este motivo, cuando el vuelo ha llegado a su destino y ya ha aterrizado podemos oír por megafonía como el piloto dice: «doors to manual«(puertas a [modo] manual). Esto significa que esas puertas ya no están bloqueadas y pueden abrirse, aunque todavía no sea necesario, a menos que haya que evacuar el avión por una emergencia (siempre con la indicación de la tripulación). No obstante, ya sería más seguro al no estar en el aire.

La presurización nos protege 

La segunda razón y la más importante tiene que ver con la física. La presurización que se produce dentro del avión permite que estos vuelen por encima de los 10.000 metros y es responsable de la seguridad de los pasajeros en el interior. 

Esto lo explica la ley de Boyle-Mariotte: cuánto más subimos en la atmósfera, menos presión tienen las moléculas de oxígeno y es más difícil respirar. Este es el motivo por el que se taponan los oídos durante el vuelo. Esta ley también explica que las puertas no se puedan abrir. 

Imagina un tapón con la bañera llena de agua, resulta difícil quitar el tapón. Esta presión sería similar en un vuelo, pero con mucha más fuerza. La presurización a altas altitudes sella la puerta contra el marco y le da una forma cónica muy curiosa, la puerta está completamente taponada y para abrirla, habría que desbloquearla en la cabina del piloto y usar una palanca especial entre varias personas para poner abrirla en pleno vuelo. 

Es más los expertos, advierten que los puntos débiles de los aviones, no son las puertas como nos ha vendido el cine, sino las ventanas. De abrirse una ventana, esta persona sería arrastrada automáticamente hacia el exterior por la fuerza de la presión de la cabina. Esto llegó a pasar en un vuelo de Aloha Airlines en 1988 donde sólo hubo una víctima. 

Ese es otro detalle, en caso de un accidente de este tipo, el cinturón es vital. Por eso es recomendable llevarlo puesto todo el vuelo, salvo cuando nos levantemos al baño, y seguir las medidas explicadas por la tripulación. Aún así, podemos echarnos una cabezada tranquilos que nadie va a poder abrir esas puertas.